ALGUIEN SABRÁ

El abogado que ejerza la defensa de Derek Chauvin y se sitúe delante del jurado para hablar de George Floyd, para retorcer su vida pasada, para desglosar las esquirlas químicas que agujerearon su cadáver, para ablandar sin tapujos la rodilla criminal del asesino, para enfriar con mentiras el calor de la carne que hizo despertar a un país, sabrá tarde o temprano que su cliente no es Jean Valjean, y que nada en su naturaleza podrida será recuperable; y que jamás hallará  versículos o frases de amor que aligeren la ingratitud de la cárcel; y que, si después mil años el señor Chauvin despierta de su Infausto Día Interminable, en la calle nos encontrará emulando, esta vez para bien, al mismísimo inspector Javert.

 

 

 

 

 

 

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